Inicio | Cursos | Servicios | CODIC | Contáctenos       
 
La Revista

Una familia de Claypole, en Malvinas

Joseph Reid nació en las islas pero al producirse el conflicto bélico del ´82, debió abandonarlas junto a sus padres y hermanos.

Se crió en Don Orione y luego de terminar los estudios secundarios trabajó en el Sanatorio Juncal y luego, en la sede del nuestro Círculo Médico.

En dos ocasiones, regresó a Malvinas junto a su esposa. Ahora, la familia, que tiene dos nenes, tomó la decisión de instalarse definitivamente en Puerto Stanley.

En diálogo con La Revista, nos hablan de las razones y nos cuentan cómo es la vida allí y cuáles son sus expectativas.

Las formalidades burocráticas suelen confundirse frente a la complejidad de los hechos. Entonces Joseph Reid, oriundo de Malvinas y que vivió gran parte de su vida en la Argentina, tiene un documento que dice que nació en Puerto Argentino y un pasaporte que, por el contrario, afirma que su madre lo trajo al mundo en Tierra del Fuego.
Joseph se lo toma con naturalidad y gracia. Es para él una anécdota graciosa que no le cambia la ecuación. Menos ahora, en esta etapa, a los 28 años, cuando junto a su mujer Nancy, acaban de tomar una decisión más que importante: irse a las islas definitivamente, buscando una existencia segura, previsible, tranquila.
La edad de los hijos del matrimonio es determinante. Owen es aun pequeño, con un par de meses; en cambio Zoe debe comenzar la escolaridad inicial en 2010. A ese dato no menor, se le suma otro también significativo: Joseph tiene garantizado un muy buen empleo en la empresa pesquera que comanda, ni másni menos, que su hermano mayor.
Hasta acá un esbozo general de la historia que nos convoca. Para profundizar en la misma, nada mejor que hablar con los propios protagonistas, porque en todos estos años, la pareja viajó a las islas en dos oportunidades, en plazos suficientes como para conocer a fondo un ambiente, una idiosincrasia y personas ajenas a nuestra imaginación. Joseph, que trabajó hasta hace días en el Círculo Médico, es de pocas palabras pero claras. Prefiere no hablar mucho de las vicisitudes que atravesó la familia durante el conflicto bélico, y menos todavía de lo sucedido en los primeros años en la Argentina a partir de la decisión de su padre de abandonar las islas. Pero es permeable a todo lo demás en la prolongada charla que tuvo con La Revista a quince días de tomar el vuelo que lo deposite, junto a su familia, en Puerto Stanley.

¿Cómo fue a parar tu familia a las islas?
Mi papá había nacido en Río Gallegos y en 1974 viajó a Malvinas para trabajar en el asfaltado de las calles, como empleado de una empresa argentina. Y luego terminó quedándose ahí, porque le gustaba y porque por su origen escocés, tenía muchas cosas en común con los kelpers.
Cuando terminó con las obras de asfalto, se puso un bar, el Victory Pub, que todavía existe, con otro socio. Pero después vino la guerra y nos tuvimos que ir.

¿Qué edad tenías cuando se produjo la invasión argentina?
Algo más de un año. Yo nací en enero de 1981. No hubo otra opción que dejar Malvinas. Mi papá entendió que no estábamos seguros y le pidió a los militares que nos trasladaran. Viajamos en un Hércules y paramos primero en Comodoro Rivadavia.

¿Hasta ese momento la relación con los argentinos era armónica?
Sí, claro, no había problemas, al contrario. El petróleo lo manejaba YPF y los vuelos eran de Aerolíneas Argentinas.

¿Fue traumático ese abandono?
Supongo que sí, yo era muy pequeño para acordarme. Era el menor de nueve hermanos, siete mujeres y dos varones. Pero no se ha hablado mucho del tema en la familia.

Joseph prefiere pasar por alto algunas cuestiones y se entiende. Una familia numerosa, desarraigada de su hábitat, se ve obligada a dejar atrás el pasado, apacible y armónico, para transitar un presente incierto, en un lugar desconocido.
De Comodoro pasaron inmediatamente a Claypole, localidad de Almirante Brown. El gobierno de facto les otorgó dos casas en el barrio Don Orione, más una pensión extraordinaria, siete veces mayor que la normal, para poder encarar el futuro en una nueva realidad. Mejor no preguntar mucho sobre ese período.
Joseph cierra el capítulo cuando cita la muerte de su padre, de un ataque al corazón, al año de establecerse en la Argentina.
Luego de concluir la escuela secundaria en la Técnica Nº 3, Joseph tuvo su primera experiencia laboral en la administración del Sanatorio Juncal. Ingresó en diciembre de 2000 y en 2003 se casó con Nancy. Dos años más tarde, se despertó la inquietud de volver a Malvinas, más allá de un plan bien meditado por la pareja: el viaje, además de placentero, tenía como propósito ahorrar dinero para, a la vuelta, comprarse una casa. Joseph pidió licencia y ambos, todavía sin hijos, se embarcaron en la aventura. No iban a ciegas. Allí ya estaban instalados tres hermanas de Joseph y el hermano mayor, quienes sí aspiraban a quedarse para siempre en las islas. La estadía duró cinco meses y pararon en las viviendasde sus familiares. Algunos conflictos deparentela -de los cuales mejor no hablar- , hicieron que no se extendiera más de sus deseos. “Porque cuando estás allá - acota Nancy- te querés quedar, es lindo, tranquilo, la gente siempre amable”. Joseph trabajó haciendo delivery para una empresa y Nancy, por su parte, consiguió un puesto en un hotel. No tuvo inconvenientes para adaptarse al idioma: “por suerte -dice- los únicos huéspedes durante tres meses fueron un grupo de chilenos, así que pude ir aprendiendo el inglés de a poco”.

El regreso a Claypole fue también breve. En 2007 resolvieron pegar la vuelta a Malvinas, pero esta vez Joseph renunció en la Juncal. Se pusieron una fecha límite: un año y medio, porque la salud de la mamá de Nancy no estaba bien. El objetivo ahora era uno solo: conseguir los recursos que les permitieran terminar la casa de Don Orione. Pero cumplido el plazo, “no queríamos volver”. Zoe ya había nacido, y Nancy cuidó de ella y se dedicó a la casa que alquilaron en Puerto Stanley. Joseph trabajó para la misma empresa pero en el depósito y a los dos meses, el destino le abrió una puerta: renunciaba la persona que durante años se había encargado del área de bebidas, y él aplicaba para el oficio. Así que la remuneración familiar se incrementó y los ahorros también.

¿Qué cosas cambiaron para ustedes en comparación al anterior viaje?
Primero que ya estaba Zoe con nosotros y además nos sentíamos más acostumbrados.
Cuando pasás más tiempo allá, comparás lo que dejaste y lo que tenés en ese momento, y no lo dudás. El modo de vida es distinto, la gente amable, no hay delitos, la educación de tus hijos está garantizada.

¿El antecedente de la guerra influye en la relación con los kelpers?
Para nada, siempre nos trataron muy bien. Sólo tuve un problema cuando fuimos la primera vez y una persona me desmereció mal por ser argentino. Pero cuando volvimos en 2007, la actitud de esa persona fue completamente diferente.

Quizás en tu caso favorece el hecho de que hayas nacido ahí…
No lo creas, son respetuosos y amables con los argentinos. Las divisiones que se intentan generar son políticas.

¿Y qué sucede con los argentinos que circunstancialmente viajan a Malvinas?

La pasan muy bien y son recibidos de la misma manera. Los ex combatientes o familiares de soldados argentinos que han ido se van super contentos y se llevan el mejor de los recuerdos.

El 6 de enero la familia tomará el avión que los depositará en las islas. Joseph subraya que la idea es quedarse definitivamente “más que nada por los chicos. Nosotros podemos ir y venir todas las veces que queramos, pero ellos, necesitan adaptarse a un lugar, Zoe empieza el jardín. No podemos someterlos a cambios permanentes.

¿Tenés un trabajo asegurado?
Mi hermano trabaja en una compañía pesquera. Ocupa la gerencia y me ofreció el puesto de manager que él tenía antes. Es una buena oportunidad, para no desaprovechar.

¿Acá vendieron todo?
Menos la casa, que la alquilamos. Costó tanto hacerla que nos daba pena venderla.

¿Sienten nostalgia de dejar Argentina?
Obviamente, nuestro país tiene cosas muy buenas, pero cuando volvemos de las islas, al poco tiempo nos preguntamos qué hacemos acá teniendo la posibilidad de vivir mejor en Malvinas.

¿Cómo es la vida en la isla?
Muy tranquila, la gente trabaja de 8 a 12 y de 13.30 a 17, y al mediodía buscan a los chicos al colegio y comen todos juntos. La escuela funciona de de 9 a 12 y de 13.30 a 15. La gente mayor vive en los pubs y lo que no hay en Puerto Stanley son lugares de entretenimiento. A 50 kilómetros está la base militar, y ahí sí tenés juegos, cines, bowling…Los que suelen estar a la deriva son los adolescentes de entre 14 y 17 años, porque no tienen mucho para disfrutar, entonces si los padres no son muy estrictos, descarrilan.
Imaginate que no pueden tomar alcohol hasta los 18 años, y si los encuentran en infracción, los padres son duramente advertidos. Eso sí, se desquitan cuando, luego de terminar la secundaria, se van a Inglaterra a continuar los estudios.

¿Hicieron amistades en la isla?
Si, muchas, hemos armado un grupo de matrimonios con los que nos reunimos a comer, a jugar, a tomar algo.

¿Qué otras nacionalidades predominan?
Hay muchos chilenos y algunos peruanos -trabajan en la pesca -, además de escoceses e ingleses.

¿Se consigue empleo fácil?
Trabajo no falta. Obviamente los nativos tienen mejores chances pero si vos buscás, conseguís.

¿Cuál es la principal actividad económica?
La pesquera, hay tres empresas y además el gobierno vende licencias de pesca a extranjeros. Y lo que está creciendo mucho es la minería.

¿Se habla de la guerra en la isla?
No en el contexto en que nos movemos nosotros. Quizás a nivel político sí, pero no lo sabemos. Lo que se genera a nivel de conflicto es parte de la política y así lo creen ellos también. Pensemos que tienen un sentido de pertenencia fuerte, que pugnan por ser independientes, no se consideran ni ingleses ni argentinos. Son kelpers.

¿Tienen recuerdos amargos de la invasión?
Han quedado secuelas. En esa época no había la comunicación que existe ahora en la isla. Imaginate que de repente te empiecen a caer bombas por todos lados y te aparezcan soldados en la ciudad.
Mi mamá me contó que fue terrible, y la gente quedó muy tocada. Y lo que es peor, sigue con miedo.

¿Ven probable que vuelva a pasar algo similar?
Yo creo que no, pero por las dudas toman sus precauciones. Por eso está la base militar, donde hay 2500 personas, la misma cantidad que en toda la isla.

¿Existe contacto alguno con Argentina?
Nada, y es una pena. Sí con Chile y con Uruguay.

¿Festejan alguna fecha vinculada a la guerra?

El 10 de junio, día de la recuperación, hay desfile militar y festejos.

La Revista

 
             © Copyright 2008. Todos los derechos reservados Circulo Médico de Lomas de Zamora - designed by clisé